Anais: La activista que desde EE. UU. lucha por Nicaragua

Anais: La activista que desde EE. UU. lucha por Nicaragua

Anais Gonzales es un claro ejemplo de que la solidaridad mueve montañas. La historia de Anais es el relato de una activista estadounidense, de padres nicaragüenses, que ha apoyado desde la distancia pero con gran efectividad la causa de sus colegas estudiantes universitarios en Nicaragua.

Axel comparte esta interesante historia, escrita por Karla Vasquez y publicada en teenvogue.com con el título How California Student Anais Gonzalez Is Supporting Nicaragua’s Uprising and Activists, el 30 de enero de 2019.

#SOSNICARAGUA

Con una camiseta con las palabras “Quesillo y Tiste” (bocadillos populares nicaragüenses) y cubierta con la bandera nicaragüense, Anais González estaba fuera de su biblioteca en la Universidad Estatal de California, Northridge, con un cartel que decía #SOSNICARAGUA. Este sería su primer acto de solidaridad con sus compañeros nicaragüenses, realizado pocas semanas antes de su final y de la graduación universitaria en los Estados Unidos.

Comenzó en las primeras horas de la tarde del 19 de abril de 2018, cuando la joven de 23 años de edad se sacudió con la noticia de la violencia en Nicaragua, un levantamiento que conmocionó a su hogar natal. Recibiendo llamadas y mensajes de texto, preocupada por su familia, Anais dejó de lado toda su tarea y se paró en su propio campus para avisar a la comunidad que ella estaba con sus compatriotas.

“Fue ese momento”, le dice Anais a Teen Vogue: “Esta fue la lección más importante de mi vida: ¿vas a quedarte callada con algo que no está bien?”

El 19 de abril de 2018 es una fecha que muchos nicaragüenses recuerdan con terror. Para muchos nicaragüenses, la inestabilidad se debió a los cambios en la seguridad social, pero también aprovechó un descontento profundamente arraigado y creciente con el gobierno nicaragüense por su represión y censura de los grupos de la oposición y los medios independientes.

La situación política en Nicaragua comenzó a ponerse tensa a partir de 2016, en medio de cargos de fraude electoral contra la reelección del Presidente Ortega a un tercer mandato consecutivo. Según Álvaro Leiva, director de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos, ex aliados como organizaciones internacionales, posibles donantes y países están retirando y cortando la ayuda y la cooperación, y en algunos casos al igual que los Estados Unidos, están promulgando sanciones económicas.

Las lágrimas brotan de los ojos de Anais y su voz tiembla cuando explica el dolor en su corazón por el país de sus ancestros. A lo largo de su vida, Nicaragua ha sido su segundo hogar. A pesar de que nació en Los Angeles, la familia de Anais se dedicó a cultivar el amor y la conexión con sus raíces compartiendo historias y costumbres e incluso visitando a la familia en Nicaragua durante meses, cada año, durante 17 años.

En junio de 2018, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) documentó que “la acción represiva del Estado [nicaragüense] ha provocado al menos 212 muertes, 1.337 personas heridas y 507 personas privadas de libertad” y “cientos de personas en riesgo de ser víctimas de ataques, hostigamiento, amenazas y otras formas de intimidación”. En septiembre, la CIDH informó que el número de muertos había aumentado a 322, incluidos al menos 23 niños y adolescentes.

Se estima que 23.000 nicaragüenses han huido, buscando asilo en Costa Rica. Se desconocen los números adicionales de solicitantes de asilo, pero muchos también han emigrado a Panamá o los Estados Unidos.

Desde que comenzó la insurrección hace nueve meses, se han denunciado abusos contra los derechos humanos, como posibles ejecuciones extrajudiciales, secuestros, torturas, intimidaciones, represiones y criminalización de los manifestantes y el movimiento social que representan.

Las redes sociales se han convertido en una nueva barricada para protestar

Los estudiantes, incluidos los que sufrieron disparos durante los últimos nueve meses y sobrevivieron a otros ataques, encuentran a Anais en línea en conversaciones retuiteadas, a través de hashtags en Instagram y en las publicaciones de Facebook, compartiendo constantemente sus relatos de primera mano de lo que ellos han soportado con la esperanza de que alguien esté escuchando y prestando atención a su causa.

Anais se pierde en sus pensamientos. Está insegura y ansiosa por el futuro de Nicaragua, no está segura de cómo se sentirá cuando termine el levantamiento de Nicaragua y cuando el país sea libre. ¿Saltará en el aire con alivio, o llorará, eternamente agradecida de que haya terminado y se lamentará de que haya ocurrido?.

La graduada de la Universidad Estatal de California, Northridge, cuyo enfoque ha sido la historia y los estudios de América Central, utiliza la pantalla táctil de su iPhone desgastado como su herramienta más poderosa en respuesta al levantamiento de Nicaragua. Su funcionalidad táctil apenas responde a sus hábiles gestos con los dedos, pero aún así, esta es su arma preferida. Ella ha sensibilizado a la diáspora en los Estados Unidos al ser una oradora sobre los temas, usando el hashtag #sosnicaragua cuando presenta las historias del movimiento y organiza actividades para recaudar fondos, eventos y marchas. También ha construido una plataforma para que los estudiantes nicaragüenses expresen sus historias, llamadas “Las Voces de la Insurrección”.

“Si no dices algo, no tienes derecho a volver… No tienes derecho a ser indiferente”, dice Anais. “Todos tienen un papel en esta insurrección. Quiero al menos documentarlo. Nunca, nunca queremos olvidar esto, nunca”. El objetivo de Anais es recopilar, escribir y documentar historias de otros y seguir abogando por Nicaragua en las redes sociales.

“Oso”, un estudiante de medicina de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, Managua, cuyo nombre ha sido cambiado para proteger su identidad, encontró a Anais a través del hashtag #sosnicaragua. Ellos construyeron una amistad.

El 13 de julio de 2018, Oso sobrevivió a un ataque de 19 horas en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Intentó valientemente proporcionar asistencia médica a sus compañeros estudiantes que resultaron heridos, y al hacerlo, dice que fue atacado por grupos paramilitares que empuñaban armas. Usando armas improvisadas como rocas, bombas incendiarias y adoquines, los estudiantes trataron de defenderse. Oso y sus amigos sobrevivieron debido a las negociaciones lideradas por la CIDH y la Conferencia Episcopal para exigir un alto el fuego y la liberación de los estudiantes. Oso ahora vive en el exilio.

“El hecho de que estos estudiantes confíen en mí al enviarme estos videos, o que mi amigo Oso confió en mí para trabajar juntos, es increíble porque me hacen sentir que estoy haciendo algo”, dice Anais.

A medida que su activismo evoluciona y crece, Anais quiere recordarles a los jóvenes su poder y energía para crear un cambio con sólo ser conscientes de lo que está sucediendo.

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