El éxodo venezolano por los países de América Latina

El éxodo venezolano por los países de América Latina

Si bien las sombrías realidades de la crisis migratoria venezolana son más visibles en las fronteras del país, los desafíos creados por los flujos de población en gran escala se están sintiendo en toda América Latina. Hasta febrero de 2019, unos 3,4 millones de personas, casi el 10 por ciento de la población de Venezuela en 2017, habían huido del país, según las Naciones Unidas, dirigiéndose principalmente a otros países de América Latina.

En esta oportunidad, Axel Preuss-Kuhne comparte una reflexión de la periodista Megan Janetsky sobre la crisis migratoria venezolana. El análisis completo de Janetsky fue publicado con el título Across Latin America, Venezuelans Reel From a Crisis That Has No End in Sight, el 16 de abril de 2019 en el sitio web worldpoliticsreview.com.

El éxodo de venezolanos por América Latina

En Colombia, hay casi 1,2 millones de venezolanos.  Perú alberga la segunda población más grande, con 506.000, mientras que Chile tiene 288.000 y Ecuador tiene 221.000. Otros países, como Argentina, Brasil y México, han recibido decenas de miles de migrantes.

Tal vez no sea sorprendente: en estos países se ha visto una creciente evidencia de discriminación contra los venezolanos, especialmente aquellos que trabajan como vendedores ambulantes o que toman otros trabajos en el sector informal.

Alejandro Velasco, miembro de  la North American Congress on Latin America (NACLA), describe la situación como una tormenta perfecta de factores que contribuyen no solo a la xenofobia, sino a la xenofobia particularmente grave que se ha manifestado.

Giscard Valero: Un relato entre miles de Venezolanos víctimas de la xenofobia

Giscard Valero ha experimentado esta xenofobia de primera mano. Hace cuatro años, él y su familia huyeron a Ecuador después de ser robados varias veces. Cuando llegaron a Quito, la capital de Ecuador, se encontró con lo que llamó una “montaña de barreras” cuando trataba de establecerse y encontrar trabajo.

Él y su familia finalmente encontraron trabajos cocinando y vendiendo almuerzos en los mercados, pero él cree que esto sería casi imposible para los venezolanos que llegan ahora. “La gente, los ecuatorianos, no quieren más venezolanos aquí”, dice. “Ellos están cansados. La gente de clase media o trabajadora ve esto como una invasión”.

En enero de 2019, las tensiones aumentaron después del asesinato de una embarazada ecuatoriana, Diana Carolina Rodríguez Reyes, cuya pareja venezolana la mató a puñaladas en Ibarra, una ciudad cerca de la frontera entre Colombia y Ecuador. El asesinato desató una campaña masiva en las redes sociales que exigía una “limpieza social” en la ciudad, y grupos de ecuatorianos comenzaron a atacar violentamente a los migrantes venezolanos, incluidos niños y ancianos, entrando y quemando casas y obligando a muchas personas a huir de nuevo.

El presidente ecuatoriano, Lenin Moreno, incrementó las regulaciones migratorias y obligó a los migrantes a proporcionar antecedentes penales legalmente certificados para ingresar al país, una tarea casi imposible para la mayoría de los venezolanos, quienes ni siquiera pueden obtener la documentación básica. Moreno también anunció que desplegaría grupos de trabajo “para controlar la situación de los migrantes venezolanos en las calles, en los lugares de trabajo y en la frontera”. Las nuevas medidas generaron críticas dentro y fuera de Ecuador. El ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela dijo que equivalían a una “persecución fascista contra los venezolanos”.

Más allá de las nuevas regulaciones, el país ha cambiado de maneras más sutiles, dice Valero. Ahora, dice, él y su familia se sienten como el enemigo. La gente se burla de sus acentos y, a menudo, se niegan a comprar comida de su restaurante porque son venezolanos. “En las calles, lo ves todos los días”, dice Valero. “Lo ves todos los días porque no hay verdadera libertad para los migrantes”.

La xenofobia contra los venezolanos crece como espuma

Ecuador no es el único lugar donde los venezolanos han recibido una recepción cada vez más hostil. En Colombia, las turbas han atacado y matado a migrantes, y los grupos de extrema derecha han amenazado con “limpiar” las áreas de los venezolanos. Las autoridades desmantelaron un refugio para migrantes en la capital, Bogotá, en medio de las presiones de los lugareños para expulsar a los migrantes de la ciudad. En Brasil, los ataques violentos contra los asentamientos de migrantes han obligado a muchos a huir de regreso a la frontera con Venezuela. Y en Chile, los funcionarios se han negado a firmar un pacto de la Unión Europea dirigido a facilitar la protección de los migrantes. Un funcionario le dijo a un periódico local que la migración “no es un derecho humano”.

Ramsey, de la Oficina de Washington para América Latina, dice que los debates sobre cómo procesar a los migrantes venezolanos están “llegando a un punto crítico” y que los líderes regionales tendrán que decidir si quieren ayudar a los que huyen del régimen de Maduro o erigen barreras para mantenerlos afuera. “Este no es un proceso fácil, y el desplazamiento causa tensiones en todo tipo de contextos locales. Creo que es importante que los gobiernos no se rindan a esta energía reaccionaria de algunos sectores domésticos”.

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