Los Colectivos, el grupo armado que aterroriza a Venezuela

Los Colectivos, el grupo armado que aterroriza a Venezuela

Los opositores del gobierno temen a los grupos armados más que a la policía, pero para Nicolás Maduro, los colectivos son los “ángeles del socialismo”.

Durante años, han servido como una fuerza no oficial y paralela para enfrentar a los manifestantes con impunidad. A menudo, ni se molestan en cubrir sus rostros o en ocultar sus identidades, mientras operan para “mantener el orden social” en nombre de la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez.

Los venezolanos llaman colectivos a estas bandas armadas irregulares, mientras que la Comisión de Derechos Humanos de la ONU los describe como para-policías o fuerzas paramilitares leales al presidente Nicolás Maduro.

Axel Preuss-Khune nos cuenta en este artículo quienes son los colectivos y cómo estos grupos ayudan a mantener al régimen de Nicolás Maduro en el poder en Venezuela.

El poder es de la gente

Los orígenes de los colectivos se remontan a la década de los 60s, cuando los grupos rebeldes de izquierdas urbanas, inspirados en la Revolución Cubana, se formaron en los barrios populares de Venezuela para luchar por la justicia social. Grupos armados, como los Tupamaros, robaron bancos y automóviles para financiar sus organizaciones.

Cuando Hugo Chávez fue elegido en 1999, estas organizaciones decidieron renunciar a la insurrección armada y optaron por apoyarlo en su “Socialismo del siglo XXI”.

Chávez posteriormente alentó y subsidió la conformación de nuevos y antiguos “colectivos”, como guardianes de la revolución. Muchos de estos grupos recibieron armas, conformándose como grupos paramilitares al servicio del estado.

No todos terminaron trabajando de igual manera, de hecho no todos funcionan como grupos paramilitares, hay colectivos que hacen trabajo comunitario y promueven programas sociales del gobierno.

El ex-guerrillero urbano Juan Contreras es líder del colectivo Simón Bolívar en el emblemático barrio 23 de Enero, un barrio de clase obrera en Caracas, donde dirige una radio comunitaria.

Es un personaje, al parecer, dedicado incansablemente a la defensa del “poder del pueblo”.

Hace mucho tiempo, dijo, son los días en que portaba un arma consigo. Ahora no lo hace pero por supuesto, aclarado por él mismo, sabe cómo usar una.

Es claro para un personaje como él que finalmente hoy es miembro de la Milicia Popular Bolivariana, lo que implica serlo y es que si debe tomar las armas de nuevo y “defender la revolución” no lo dudará al igual que otros como él.

Pero hay otros colectivos que ni hoy, y la verdad nunca, han estado ausentes del uso de las armas. Algo que durante años se viene presentando aprovechando la complicidad del Estado. Son bien conocidos por llevar a cabo ejecuciones extrajudiciales, secuestros, participar en redes de extorsión y control de las lucrativas redes de distribución de alimentos para la comunidad, así como el tráfico de gasolina y venta de drogas en la frontera con Colombia.

Valentín Santana, el líder del colectivo La Pedrita (posiblemente el grupo más grande, poderoso y peligroso de Caracas), sigue siendo libre y visible a la luz del público a pesar de que se han emitido en su contra tres órdenes de arresto por asesinato e intento de asesinato.

El 30 de abril, el día del intento fallido de Juan Guaidó de lograr un golpe de estado a través de incentivar el levantamiento de las fuerzas militares venezolanas, Santana salió en un video publicado en Twitter portando un fusil (rifle de asalto), en el que anunció que había llegado el momento de defender la revolución con las armas en la mano.

Al día siguiente, un grupo paramilitar (Colectivo) disparó en repetidas ocasiones en contra de los manifestantes de la oposición que se encontraban al frente de un edificio gubernamental en la plaza de Altamira. La policía estatal intentó sin éxito enfrentar a los “delincuentes”.

Al día siguiente, el director de operaciones de la policía, que había ordenado al operativo, fue despedido por interferir con los pistoleros.

Algunos argumentan que el gobierno ha perdido el control de estas bandas civiles armadas. No responden a una sola cadena de mando. Pero para el régimen de Maduro estos grupos siguen siendo muy útiles para intimidar, atacar o movilizar por la fuerza a la comunidad cuando sea necesario.

Actos de terrorismo de estado

El 23 de febrero, el día en que los opositores de Maduro intentaron traer camiones de comida y medicinas desde la vecina Colombia, se puso en evidencia de cuán eficientes pueden ser los grupos paramilitares pro gobierno.

Cuando el gas lacrimógeno y las balas de goma no parecieron disuadir a un grupo de cerca de 600 opositores del gobierno, en el lado venezolano de la frontera con San Antonio, los miembros de la Guardia Nacional tomaron la decisión de se retirarse para despejar el camino a los colectivos, hombres enmascarados y armados en motocicletas. Inmediatamente esto sucedió la gente comenzó a correr aterrorizada.

Los hombres dispararon contra la multitud y los edificios adyacentes durante al menos dos horas hasta que la calle principal que conduce al Puente Simón Bolívar parecía una zona de guerra abandonada. No está claro cuántas personas resultaron heridas. Se alcanzaron a ver que varias personas fueron arrastradas, incluso se puedo apreciar al menos una con un disparo en la cabeza, mientras que los hombres enmascarados se negaban a dejar pasar las ambulancias.

Lo increíble es que cuando todo terminó, los paramilitares (Colectivos) comenzaron a saquear tiendas en complicidad con la Guardia Nacional Venezolana. Se les alcanzaba  a ver tomando camisetas, mochilas y otros artículos.

No se explica, por ejemplo, cómo obtienen gas lacrimógeno, que se supone que sólo debe ser usada por la policía antidisturbios y los miembros de la Guardia Nacional, o por qué muchos tienen licencias para portar armas emitidas por las fuerzas de seguridad.

El ministro de Comunicaciones de Venezuela, Jorge Rodríguez, afirmó que los civiles armados eran “paramilitares colombianos”, un argumento que muchos en la frontera saben que no es cierto.

La Asamblea Nacional controlada por la oposición ha designado a estas bandas civiles como “grupos terroristas” que llevan a cabo “acciones paramilitares violentas, intimidación, asesinatos y otros delitos” descritos como “actos de terrorismo de estado”.

Pero, a pesar de la protesta internacional contra el uso de estos grupos, Maduro siempre se ha mostrado firme en su defensa. Y en medio de los continuos intentos de sus oponentes de obligarlo a abandonar el cargo, ha pedido a los colectivos, sin distinción, que salgan a las calles “a todos los rincones para defender la Revolución”.

“Los admiro. Son organizaciones creadas para el bien de la comunidad. Los colectivos trabajan por la sociedad, por los enfermos, por la paz y contra la delincuencia. Han existido durante 20 años como una forma de organización de la gente”.

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